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Espectáculos

Kátia Guerreiro: La sudafricana que cambió la medicina por el fado – 01/06/2018

“El fado curó mi alma, me ha hecho conocer mejor la mujer que soy, me hizo comprender que las emociones tan fuertes e intensas que tenía por dentro y que creí que nadie podía comprender son las que todos tenemos. El fado me hizo comprenderme y comprender a la humanidad”, dice la cantante Kátia Guerreiro, una de las voces más frescas del género, que será la encargada de cerrar, este domingo 3 de junio a las 20, en el CCK, la quinta edición del Festival de Fado de Buenos Aires.

Su historia señala que durante años tuvo una vocación compartida entre la medicina y la música. “Mi deseo era terminar mi carrera de doctora y cantar por la noche con mis amigos. Hasta no hace mucho tiempo seguía teniendo esa vida, en la que estaba cómoda. Por la mañana me dedicaba a la medicina y por la noche cantaba”, dice la artista, con nueve discos editados.

Guerreiro nació en 1976, en Vanderbijlpark, en Sudáfrica. Es hija de padres angoleños, que debieron escapar de la guerra civil que se desencadenó en ese país en 1975. Sin embargo, creció en las Islas Azores para seguir con sus estudios en Lisboa, Portugal, cuna del género que hoy cultiva. “Desde muy pequeña me gustó el fado, y si bien en mi familia no hay artistas, siempre canté de manera intuitiva. Recuerdo que iba por la calle y escuchaba alguna canción de Amalia Rodrigues y me detenía a escucharla. Amo su voz, su forma de sentir la letra y su emocionalidad”, cuenta.

“Una noche, durante el Festival de Fado de Lisboa, en 2000, con mis amigos visitamos Embucado, una casa de fado, en la “La noche de la guitarra portuguesa”. La dueña, que me conocía me pidió que cantara porque había un músico que me quería escuchar. No estaba segura, porque la gente había ido a escuchar guitarra, pero me insistió y canté. En esos locales, cada cantante amateur hace tres canciones y se baja. Yo hice las mías, y cuando bajaba, un hombre me agarró del brazo y me pidió que cantara otra. Le dije que sólo sabía estos tres (en mi casa se escuchaba música africana, angoleña, y sólo sabía bien esas tres que cantaba siempre). Canté otro y ese señor, que me pidió que siguiese, resultó ser Joao Veiga, que dieciocho años después me sigue acompañando y estará en el escenario del CCK conmigo”, dice Guerreiro, marcada por aquel encuentro con el guitarrista.

Unos meses después, la cantante logró acaparar toda la atención musical de Portugal al presentarse en el Coliseo de Lisboa, en la noche del primer aniversario del fallecimiento de la gigantesca fadista Amalia Rodrigues. “Después del encuentro en Embucado continúe con mi vida, que era terminar mi carrera, mientras que Veiga me proponía actuaciones. Pero ocurrió algo muy raro, que fue que se empezó a hablar de mí, aunque nadie me conocía”, cuenta.

Y sigue: “El día que di mi último examen de Medicina, me llamaron por teléfono para invitarme a participar del homenaje a Amalia, y pensé que era una bonita forma de celebrar mi título cantando en ese encuentro, y una bonita experiencia para contarle a mis nietos. Canté dos fados con el teatro lleno, con toda la prensa y la televisión, y al otro día los diarios hablaron muy bien de mí, y uno de ellos tituló ‘Un fantasma estuvo en el Coliseo'”.

-¡Te habrá encantado!

-No. La verdad es que tanta exposición me disgustó porque no quería tener una carrera artística; quería ser médica. Tres meses después estaba grabando mi primer disco. (Risas)

-¿Cuándo decidiste dejar definitivamente la medicina?

-No hace tanto. En 2012 nació mi hija. Tenía un enorme deseo de ser madre y su llegada me hizo replantear muchos aspectos de mi vida, especialmente, qué hacer con el tiempo. Sentía que ser madre, médica y cantante no iba a resultar. Algo iba a dejar de hacer bien, y me decidí por ser madre y cantante.

-Sos de una generación que relacionaba el fado y algunos de sus intérpretes con la dictadura de Antonio de Oliveira Salazar (que ejerció el poder entre 1926-1968) ¿Cómo viviste esta situación?

-El fado no tiene ideología. Me acercó su emocionalidad; las emociones que transmitía Amalia, su voz, llenaban mi corazón. Su forma de cantar tenía una sonoridad completa. Durante la dictadura, la gente creía que Amalia estaba muy cerca de Salazar, que la apoyaba. Pero cuando terminó ese período, se supo que Amalia había ayudado a mucha gente de la izquierda a escapar del país. Fue una sorpresa. Los comunistas dicen hoy que Amalia era una gran amiga del partido. Siempre hay una gran necesidad de acercar a los grandes a uno mismo.

Kátia Guerreiro se presentará el domingo 3 de junio, a las 20, en la Sala Sinfónica del CCK, Sarmiento 151. La entrada es gratuita.

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